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sábado, 23 de enero de 2010

Son los mismos

Con el terremoto de Haití se ha desatado la ola de solidaridad y comprensión con los desfavorecidos que caracteriza a los españoles. Nos unimos ante las grandes tragedias. Todos los ciudadanos, sea cual sea su ideología o creencia religiosa, manifiestan su indignación por la pobreza en la que vive aquella gente. A ningún político se le ha ocurrido salir a la palestra para decir que cada palo aguante su vela. No, por ahí se delata la crueldad y la masa electoral no entra. Sin embargo aquí, por la proximidad de las elecciones autonómicas y municipales, se convoca una caza contra los inmigrantes. El presidente de la PIMEC vincula la inmigración con la seguridad ciudadana; el PP, por boca de Alberto Fernández Díaz, pide un plan de inspección de comercios de inmigrantes; Trillo pide reformar la ley para evitar reincidentes; Esperanza Aguirre apoya al edil de Torrejón que limita el empadronamiento; Alicia Sánchez Camacho –candidata por el PP en Catalunya– basará su campaña en el paro, la seguridad y la inmigración y asegura que este eje puede convertir al PPC en partido de Gobierno. Su eslogan: “No cabemos todos”. Se ha levantado la veda: ser xenófobo no es pecado, es defensa propia. El subtexto es: nos quitan el trabajo y el pan. El daño que están haciendo con estos planteamientos xenófobos es terrible y quién sabe si irreversible.

Señores demócratas de centro, constitucionalistas y católicos: esos a los que señalan con el dedo como delincuentes usurpadores son los mismos que intentan salir de debajo de las piedras en Haití. Son los mismos. No edifiquen su poder sobre montañas de muertos de hambre.
Gran Wyoming

Xenofobia: Hágala usted mismo

Hola, amigos, hoy estoy aquí para explicaros cómo se puede organizar un buen conflicto racial, con muertos y todo, en un país donde en principio no hay ningún problema de racismo. Lo primero que tenéis que saber es que no importa que un problema no exista: si vuestros políticos, los políticos que habéis votado, son verdaderamente unos malnacidos, sabrán perfectamente cómo encabronar al personal. Bien, dicho esto, pongámonos manos a la obra. Lo primero que necesitamos es una buena crisis económica. Si es de origen financiero, mejor, porque la gente no se atreve a quemar bancos, y entonces tiene una rabia, así, como latente, que no sabe qué hacer con ella. No la apaguéis, que luego nos será muy útil, ya veréis. Bien, tenemos la crisis y tenemos los políticos malnacidos, alguno de ellos con aspecto de persona respetable. Ahora sólo hay que esperar un año o dos a que a la gente se le vaya acabando el paro. Y entonces viene lo más importante. En cuanto el político malnacido detecte el más mínimo indicio de malestar social, tiene que salir a la palestra y decir en nombre de la Responsabilidad y de la Seguridad y de la Bondad: oye, ya está bien de empadronar inmigrantes ilegales, que nos quitan las plazas del cole, abarrotan la sanidad pública y se comen todo el turrón. Y entonces la gente, que hasta ese momento no se había planteado nada de eso y pensaba que todos estamos jodidos, pero que más jodidos están los inmigrantes ilegales, esa misma gente empezará a mirarlos como la causa de todos los males (junto a Zapatero, claro). Y aquí es donde se puede utilizar la rabia que no hemos usado contra los verdaderos causantes de nuestro mal. Se sopla un poco, que soplen todos los políticos malnacidos, y ya veréis cómo prende.
Antonio Orejudo